El Dr. William C. Bell pronunció el discurso principal en la 30.ª Conferencia Anual de CASA for Children en Orlando, Florida, en junio de 2007.

La Asociación Nacional de Defensores Especiales Designados por el Tribunal apoya y promueve la defensoría voluntaria designada por los tribunales para que cada niño abusado o descuidado en los Estados Unidos pueda estar seguro, tener un hogar permanente y la oportunidad de prosperar.

El Dr. Bell compartió el saludo masái, “Kasserian Ingera”, que significa “¿Cómo están los niños?”. La respuesta tradicional, “Sapati Ingera”, significa “Todos los niños están bien”. Explicó que esto no significa que no haya niños con problemas de salud o en la pobreza, sino que era el compromiso de que “Mientras viva y respire, me aseguraré de que todos nuestros niños van a estar bien”.”

Instó a los asistentes a construir comunidades más fuertes en torno a los niños de nuestra nación, a formar individuos más fuertes comprometidos a cambiar el panorama para la infancia y a fortalecerse a sí mismos para ser mejores defensores de los niños.

Pero les pregunto, pregúntense cada vez, ¿qué estoy viendo cuando miro el rostro de este niño? ¿Estoy viendo a alguien que necesita estar en un hogar de acogida o estoy viendo a alguien que simplemente necesita ser alentado, ser amado y ser levantado?

— Dr. William C. Bell

Transcripción

Gracias, Michael.

¿Todavía es por la mañana o ya es por la tarde? Con mis viajes de los últimos días, no estoy seguro. Antes de venir aquí anoche, estaba en una zona horaria que estaba seis horas atrás de esta y, ya sabes, tal como estoy aquí hoy, si se me cierran los ojos, no estoy dormido. Solo estoy descansando un momento.

[Risas]

Es un placer estar aquí con un grupo de personas distinguidas que tienen en tan alta estima a los niños más vulnerables de esta nación. Agradezco a CASA, a Michael y a su personal. Les agradezco a todos ustedes de todo el país que se entregan para crear algo sin lo cual ninguno de nosotros puede realmente existir. Eso que ustedes crean para los niños es esperanza. Me gusta pensar en la palabra “esperanza” como un optimismo saludable y un aliento persistente. Un optimismo saludable en el sentido de que, si no podemos ver la posibilidad de que el lugar en el que estamos ahora mismo pueda ser diferente en algún momento del futuro, entonces seremos vencidos por los problemas que nos afectan hoy. Un aliento persistente en el contexto de que ninguno de nosotros puede avanzar de manera constante sin tener a alguien que le ofrezca algunas palabras de aliento y motivación.

Quiero agradecer y ofrecer mi gratitud a Susan Taylor y a la revista Essence por su labor para llevar mentores a la vida de quienes los necesitan. Cuando Pienso en mí parado aquí ante ustedes hoy... Sin la presencia de varios mentores en mi vida desde que era un pequeño niño de 5 años en el área rural de Misisipi, no estaría parado aquí ante ustedes.

Alguien me preguntó hoy temprano: “¿Qué pienso acerca de estar en esta posición?”, y algunos dicen: “¿Cuál es esa posición?”. Bueno, soy el presidente y director ejecutivo de la fundación operativa más grande del país que se centra exclusivamente en brindar, mejorar y, en última instancia, eliminar la necesidad de hogares temporales.

Si le hubieras preguntado a la persona que me miraba en tercer o cuarto grado, cuando tal vez estaba batallando con historia o matemáticas, si esa iba a ser la persona en la que me convertiría, te habrían dicho lo contrario. Si le hubieras preguntado a la persona que me juzgaba como un niño negro en el Misisipi rural, creciendo durante la era de los derechos civiles, si alguna vez llegaría a ser alguien de importancia, te habrían preguntado qué de bueno puede salir de un niño negro en el Misisipi rural en los años 50 y 60.

Y así, digo “gracias” no solo a Susan, a Essence y a Michael, sino que digo “gracias” a cada uno de ustedes porque lo que representan es esta noción que creo que Estados Unidos debe llegar a representar con respecto a los niños vulnerables, y eso es algo que en Casey Family Programs nos hemos sentido cómodos llamando el estándar de los nuestros. Cuando digo el estándar de los nuestros, simplemente me refiero a esta noción de que si no es lo suficientemente bueno para nuestros propios hijos, entonces no es lo suficientemente bueno para ningún niño vulnerable en Estados Unidos.

[Aplausos]

Y eso es algo que una tribu en las llanuras de África ha incorporado de tal manera que lo han convertido en su saludo tribal. La tribu masái en África, cuando se saluda todos los días, se saluda diciendo “Kasserian ingera”, y “Kasserian ingera” es un saludo que plantea una pregunta: “¿Cómo están los niños?”, y la respuesta tribal a esa pregunta es “Sapati ingera”, y “Sapati ingera” responde con entusiasmo que todos los niños están bien. Ahora bien, esa respuesta no es una que necesariamente signifique que no haya niños enfermos en la tribu. Esa respuesta no es una que necesariamente signifique que no haya familias pobres en la tribu. Esa respuesta es una que dice: “Mientras viva y respire, me aseguraré de que todos nuestros niños estén bien”. Y por eso, les ruego que empecemos a mirar en nuestro interior y a preguntarnos en esta gran nación. En esta maravillosa nación donde nos hemos vuelto tan buenos en tecnología que podemos darle un teléfono celular a nuestros hijos y saber dónde están incluso cuando no están en nuestra presencia. En esta nación donde nos hemos vuelto tan buenos que, durante más de tres décadas, hemos podido enviar hombres y mujeres al espacio exterior. Y ahora somos tan geniales que podemos permitirles vivir allá arriba hasta que alguien dice: “Bien, es hora de volver a casa”. Y sin embargo, en esta gran nación nos permitimos engañarnos creyendo que no podemos cuidar a medio millón de niños que no llevan nuestra sangre. Hay algo mal en una nación que se permite decir que eso está bien.

Lo que me he comprometido a hacer en el poco tiempo que tengo por delante es recorrer este país y conversar con la gente para decir que es hora de cambiar la conversación pública. Es hora de cambiar nuestro discurso sobre lo que se necesita para dar un sentido de esperanza a quienes, en este momento, tal vez no crean que hay una razón para tener esperanza.

Saben, mientras preparaba este discurso, me pregunté: “¿Qué va a ver esta multitud cuando me mire? ¿Qué verá la gente de esta multitud cuando mire a un hombre afroamericano parado frente a ellos hablando sobre cambiar los resultados para los niños afroamericanos que están sobrerrepresentados en un sistema de cuidado foster?” Me pregunté: “¿Qué verán cuando me miren?” Ven, automáticamente, cuando me miran, ¿ven fortaleza? ¿O ven debilidad? Cuando piensan en hombres afroamericanos, ¿qué imágenes vienen a su mente? ¿Piensan en hombres que son grandes imágenes de lo que debe ser un padre, o piensan en hombres que están en el fondo del barril en lo que respecta a la crianza? ¿Qué es lo que ven?

Me pregunté: “¿Ves a un líder cuando me miras? ¿O ves a alguien que ha dedicado su vida a seguir a otros?”. ¿Qué ves? ¿Ves a alguien que representa a un grupo en el que el 25% de los jóvenes se ven afectados por el sistema de justicia penal, están encarcelados o se encuentran de alguna manera en libertad condicional o bajo supervisión judicial? ¿O ves a un hombre que representa a un grupo en el que el 75% de los jóvenes no han tenido contacto con el sistema de justicia penal? ¿Qué ves?

Le pregunto —me pregunté—: “¿Me mirarán y verán a ese niño pequeño en la zona rural de Mississippi caminando descalzo, no porque él lo eligiera, sino porque no tenía zapatos? ¿Verán a ese niño pequeño en Mississippi cuya madre, al momento de su nacimiento, tenía una educación de octavo grado y trabajaba en los campos de algodón de Mississippi, o verán al director ejecutivo de Casey Family Programs —porque son la misma persona—, pero qué es lo que ven?”. Porque lo que vean determinará el juicio que emitan, y los juicios que emitamos sobre el hijo de cualquier otra persona en este país determinarán el futuro de ese niño.

En 2005, alguien emitió un juicio sobre 300,000 niños, y su juicio fue que sus familias no pueden cuidarlos, por lo que tienen que entrar al sistema de acogimiento familiar. Me pregunto si ese fue el juicio correcto. Pero, haya sido correcto o no, 300,000 de nuestros niños entraron al sistema. Y eso significa que todos los días del año 2005, aproximadamente 822 niños entraron al sistema de cuidado fuera del hogar en esta rica nación, en este lugar maravilloso a donde tanta gente quiere venir, estar y existir. Eso significa que en la hora que me tomará terminar este discurso —no, estoy viendo la luz roja, lo siento—

[Risas]

— que 34 niños habrían entrado al sistema de cuidado foster cada hora.

En 2005, alguien tomó una decisión que cambió la vida de 34 niños. En la próxima hora, en todo este país, a 34 niños más se les cambiará la vida. Pero mi pregunta para mí mismo, mi pregunta para cada uno de nosotros, es: “¿Cómo pasaremos las horas que tenemos por delante?”

Cuando pienso en mi carrera, dada mi corta edad en este momento, me pueden quedar de 15 a 20 —20 si voy a trabajar hasta los 70 años— años activos por delante. Y mi pregunta es: “¿Qué voy a hacer con esos años?”. Y esa es una pregunta que me gustaría que te plantees para ti mismo. ¿Qué vas a hacer con tus años?

Diría que hay tres cosas en las que cada uno de nosotros debe concentrarse. La primera es que necesitamos construir comunidades más fuertes en torno a nuestros hijos. Lo segundo es que necesitamos construir individuos más fuertes que estén comprometidos a cambiar el panorama para nuestros hijos. Y lo tercero es que necesitamos construirnos a nosotros mismos. Necesitamos mirar en nuestro interior y preguntarnos: “¿Qué estoy haciendo? ¿Qué estoy haciendo con cada minuto que tengo por delante? ¿Estoy construyendo mi reputación? ¿Me estoy levantando a mí mismo, o estoy cambiando el mañana para un niño que quizás nunca conozca?”. Alguien dijo una vez que la sabiduría es plantar árboles bajo cuya sombra quizás nunca te sientes.

Me pregunto a diario: “¿Tiene lo que estoy haciendo algún impacto en asegurar que un niño pequeño en este momento en la zona rural de Misisipi tenga la misma oportunidad que yo he tenido de usar estos zapatos, de seguir estos pasos?”. Y si la respuesta a mi pregunta es que no tendrá ningún impacto, entonces tengo que parar. Tengo que parar.

Estoy convencido de que este problema que estamos enfrentando en este momento, que tiene a medio millón de niños atrapados en un sistema sin saber a dónde van, es más un asunto de liderazgo y compromiso que un asunto de saber qué hacer. Pasamos mucho tiempo buscando el próximo gran programa, la próxima gran solución mágica que va a resolver este problema, pero han pasado tres décadas viendo cómo el número aumenta cada vez más y, sí, si miramos atrás hace unos años, podemos decir que el número ha bajado. Pero eso significa que hace varios años había 540,000 niños bajo cuidado, y hoy hay 513,000. Eso no es mucho más bajo.

La solución es cómo construimos una comunidad que dice “Kasserian ingera”, ¿cómo están los niños?, y que esa comunidad use eso como su estándar para medirse a sí misma, porque la única respuesta que podemos tolerar es una que dice “Sapati ingera”, todos los niños están bien.

No quiero aburrirles esta mañana, y la luz roja no se encendió, pero ya saben que si le dan un micrófono, un escenario y un público a un predicador, vamos a estar pasando la charola muy pronto.

[Risas]

Pero lo que quiero que hagas... Quiero que te comprometas a hacer algo. Quiero que te comprometas a vivir ese espíritu del que habló Susan. Quiero que te comprometas a vivir ese espíritu que dice que no solo estaré comprometido con este cambio del que hablamos, este cambio que buscamos, sino que traeré al menos a uno más conmigo. Traeré al menos a uno más al redil.

Y la manera en que podemos empezar a construir esta comunidad de la que estamos hablando es ir a su lugar de culto, y ya sea que ese lugar de culto esté en una iglesia, una sinagoga, una mezquita, o incluso —lo que les digo a mis hijos cuando van al “Bautista de la Cabecera”— dondequiera que esté ese lugar, comprométanse a ir a ese lugar y a alentar a ese lugar a mirar seis cuadras a la redonda de sí mismo. Tan solo miren seis cuadras y hagan el compromiso que dice: “Cambiaré las condiciones de los niños en estas seis cuadras, aunque me tome el resto de mi vida hacerlo”. Porque es ese compromiso el que nos dará, le dará a nuestros hijos, este sentido de esperanza. Nos dará este sentido de "Sapati ingera": todos los niños están bien.

Pero te pregunto, pregúntate cada vez: “¿Qué estoy viendo cuando miro el rostro de este niño? ¿Estoy viendo a alguien que necesita estar en un hogar de acogida, o estoy viendo a alguien que simplemente necesita ser alentado, ser amado y ser levantado?”.”

Los elijo como ejemplo por su compromiso como CASA. Los elijo como ejemplo por su compromiso como personas. Pero hasta que cambiemos la forma en que este país ve a sus niños vulnerables, y en particular a los niños de color. He hablado de los niños afroamericanos, pero estuve en Hawái, donde aproximadamente el 30% de la población es nativa hawaiana, pero más del 50% de los niños en el sistema de acogida son nativos hawaianos. Estuve en Alaska, donde un porcentaje muy pequeño de los niños son nativos de Alaska, pero más del 60% del sistema de acogida son nativos de Alaska. Estuve en Dakota del Sur, donde los nativos americanos representan menos del 10% de la población —creo que tal vez sea menos del 5% de la población—, pero constituyen más del 60% de los niños en acogida.

Algo anda mal. Algo anda mal. Pero simplemente te hago una pregunta: “¿Cómo están los niños?”

[Aplausos]

Dr. William C. Bell

Una voz de esperanza

El Dr. Bell comparte con frecuencia su experiencia y sus mensajes de esperanza en comparecencias ante responsables políticos, líderes en materia de bienestar infantil y otras personalidades. Explore esta colección para ver transcripciones y vídeos de sus discursos y testimonios públicos.